Mi trabajo comienza por entender. Muchas veces mí paciente sabe que algo ha cambiado —se ve más cansado o bravo, y ya no reconoce algunas de las características que le gustaban de su cara—, pero le queda difícil poner en palabras qué es, y comprender los cambios en los tejidos que producen estos sentimientos.
Lo que yo mejor hago, no lo aprendí en mi carrera, lo aprendí oyendo con detenimiento a las personas y sobretodo haciendo un esfuerzo por entender con precisión qué les molesta, para después correlacionarlo con cambios puntuales en las estructuras de la cara. Esa lectura me permite diseñar procedimientos precisos y personalizados para cada persona, que restauran la anatomía desde las capas más profundas hasta las más superficiales de la cara y el cuello, preservando siempre la expresión y la identidad.
Para mí, el rejuvenecimiento facial, es un espacio liminal entre la ciencia y el arte. Exige conocer a profundidad la anatomía de la cara. Requiere de un sentido de la estética intemporal y gozar de un buen gusto. Pero sobretodo demanda de una habilidad manual especial para imprimir los planes quirúrgicos en los delicados tejidos de la cara. Nunca me he considerado una persona que transforma estructuras, sino que las reconstruye y las devuelve a como eran antes.
Me formé como médico en la Pontificia Universidad Javeriana y como cirujano plástico en la Universidad El Bosque. Posteriormente profundicé mi formación en microcirugía de cabeza y cuello en Chang Gung Memorial Hospital.
Además de mi práctica privada que está enfocada exclusivamente al rejuvenecimiento facial; desempeño mi práctica institucional en las clínicas más importantes y prestigiosas del país (como la Clínica del Country, el Instituto Nacional de Cancerología y el Hospital Universitario Mayor Méderi) reconstruyendo a pacientes que sufren de tumores en la cara y el cuello.
Espero podernos conocer pronto y que juntos entendamos cómo se ve tu versión más fresca y rejuvenecida.
Gonzalo Mallarino R.